08/01/2010 – Llamó a mi puerta

10 06 2010

08/01/2010

Llamó a mi puerta…

… Yo estaba sentado en el ordenador, y sin pedir permiso entró en mi casa. La verdad que no me sorprendía, tampoco sería la primera vez. Ella siempre había sido tímida, no le gustaba la presencia de desconocidos y yo ya tenía cierta confianza con ella, hablabamos constantemente y la verdad que nos divertíamos juntos. Solíamos quedar por la noche, en citas fugaces y espontáneas, la verdad que había veces que nuestras citas se hacían bastante pesadas por cómo se portaba conmigo en algunas, pero bueno se lo perdonaba siempre por que ella se portaba bien conmigo en momentos duros y difíciles, siempre había estado ahí en momentos de necesidad y jamás me había fallado. Yo por el contrario no podría decir lo mismo por mi parte, alguna que otra vez le levanté la voz y la maldije, llegué a tratarla mal y a veces incluso la aparté de mi durante mucho tiempo, pero después de todo nos llevabamos muy bien, eramos como compañeros de trabajo, no podía funcionar uno sin el otro, teníamos eso que se dice ahora de “feeling”.

Hacía tiempo que no la veía, casi habíamos perdido el contacto y así sin más se presentó allí en mi casa, como si nada. Como decía, yo estaba en el ordenador tranquilo, leyendo las noticias y redactando un pequeño escrito que solía hacer de vez en cuando. Ella se sentó a mi lado y esperó pacientemente a que terminara mis cosas, ni siquiera la miré, la verdad es que no tenía nada que hablar en ese momento con ella, no sé, fue algo raro la verdad. Nadie decía nada, simplemente el único ruido que perturbaba la tranquilidad de la casa eran mis dedos golpeando incesantemente el teclado del ordenador, bueno y el gato que de vez en cuando maullaba. Lo notaba raro, nunca había estado así, se comportaba de una forma muy rara y me llegó a sacar las uñas. Fue algo que nunca había sucedido.

Pasó el tiempo, y yo seguía enfrascado en mi mundo, seguía escribiendo sin cesar y ella estaba ahí, sin decirme nada, ni siquiera me miró. Yo por mi parte hacía lo mismo. De repente me entraron ganas de ir a por algo de comida, tenía apetito y fui a ver si pillaba algo de la nevera. Cuando me levanté, sentí como un mareo y me desplomé en el suelo, algo me oprimía el pecho, como si tuviera un yunque aplastándomelo, me llevé una mano rápidamente al corazón, me dolía. La respiración se me iba cortando poco a poco, notaba como no me llegaba el oxígeno a ningún sitio, la cabeza se me puso totalmente colorada de la falta de riego y era como si tuviese un coágulo en cada una de mis arterias y venas. Los ojos se me cerraron y ya no sentí más ese dolor. Y allí estaba ella, que me zarandeó un poco y me ayudó a levantarme, extendió su huesuda mano y me sonrió. Su céreo rostro me iluminaba como si tuviese el propio sol de cara. Entonces miré hacia abajo y vi al gato mirándome, me maullaba, pero no me miraba exáctamente a mí, sino a mi propio cadáver.

Me había dado un infarto y a quién había tenido todo el rato al lado era a la propia Parca, me estaba esperando…

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